Harald Edelstam: Embajador y Defensor de los Derechos Humanos

Harald Edelstam: Embajador y Defensor
de los Derechos Humanos

Hace exactamente 40 años la dictadura militar declaraba persona non grata al embajador de Suecia, Harald Edelstam. El desenlace refrendaba el carácter violento del régimen, que no vacilaba en aplicar una medida diplomática excepcional, incluso sabiendo que la critica internacional por la violación a los Derechos Humanos, con este hecho solo se consolidaría.

Para destacar la figura de Edelstam, a 100 años de su nacimiento, el municipio de Providencia ha decidido reconocer su gran aporte en una ceremonia de reconocimiento a personas que han sido un gran aporte en la defensa de los DD HH, la que se efectuara hoy 9 de diciembre a las 17.00 en el Montecarmelo, Casa de la Ciudadanía.

La vida diplomática del embajador Edelstam estuvo marcada por su irrestricta acción en defensa de las personas que en contextos de crisis políticas, eran sometidas a situaciones en que se arriesgaba su integridad física y psíquica y, consecuentemente, se conculcaban sus derechos ciudadanos, políticos y sociales.

Edelstam puso en evidencia las violaciones de los DD.HH., que en esos meses de fines del 73 se desarrollaban impunemente. Edelstam fue una de las pocas cabezas visibles que denunció lo que estaba ocurriendo. Eso le generó la animosidad y determinó que la dictadura decidiera declararlo persona non grata un 4 de diciembre de 1973.

De ello da prueba su labor en Oslo y Berlín durante la Segunda Guerra Mundial y en países como Indonesia, Guatemala y otras naciones de Centroamérica durante la agitada década de los 60. En todos estos países, Edelstam fue consolidando su estatus de embajador que actuó con dedicación y plena responsabilidad en el ejercicio de sus funciones diplomáticas, que no sólo buscaban fortalecer los nexos de amistad entre los países, sino también fortalecer los lazos entre los pueblos que estaban sometidos a situaciones de crisis política.
Con esta experiencia y espíritu llega Harald Edelstam a Chile, en 1971. En dos años de intenso trabajo logra conocer y entender el proceso político de Chile, fortalecer los lazos de amistad y cooperación entre los dos países, entender que el quiebre de la democracia era posible y que él, como embajador, debía poner al servicio de las personas que estarán en riesgo toda la experiencia y conocimiento acumulado en anteriores designaciones diplomáticas.

Cuando estalla el golpe militar, Edelstam comprende que se abre un periodo donde la violencia que se pondrá en practica tendrá graves consecuencias. En sólo horas transforma la labor rutinaria de la embajada en un espacio de protección de miles de personas que verán sus vidas en peligro. Como parte de esa determinación, se hace cargo de las instalaciones de la embajada cubana, vecina a la embajada sueca, ambas ubicadas en la calle Los Estanques de Providencia, permitiendo así que, bajo su protección, el personal diplomático pueda salir del país, evitando una enfrentamiento armado de insospechadas consecuencias y que uruguayos, brasileños, argentinos y chilenos puedan en esos espacios encontrar el refugio a su seguridad amenazada.

Para Edelstam la diplomacia tenía otras dimensiones. La dinámicas de conflictos, propias de la Guerra Fría, obligaban a los diplomáticos a actuar de una manera distinta a la tradicional. Era importante estar disponible en situaciones de crisis. De allí emana el concepto de Responsabilidad de Proteger, principio que orienta la acción diplomática hacia la protección de las víctimas y no hacia los intereses estatales de quienes se interesan en intervenir. Esta visión conceptual y accion práctica dio a su profesión una dimensión innovadora, cercana e integrada a los principios de la Carta Universal de los DD HH.

Todo esto Edelstam lo puso en práctica en Chile, protagonizando actos que demostraron fehacientemente la sincronía entre sus ideas y sus actos.

Cómo olvidar su coraje civil para defender la integridad de personas que, estando bajo su protección, debían por razones de salud ser trasladas a centros de salud, saliendo de la protección física que otorgaban los inmuebles con inmunidad diplomática administrados por la embajada sueca.

Cómo olvidar a los cientos de personas a las que personalmente o junto a sus colaboradores logró ingresar a esos lugares de protección. Las historias que se han conocido a través de testimonios demuestran su capacidad, su valentía, su decisión de poner a la protección como el punto central de su trabajo diplomático.

Podemos afirmar que Edelstam puso en evidencia las violaciones de los DD.HH., que en esos meses de fines del 73 se desarrollaban impunemente. Edelstam fue una de las pocas cabezas visibles que denunció lo que estaba ocurriendo. Eso le generó la animosidad y determinó que la dictadura decidiera declararlo persona non grata un 4 de diciembre de 1973. Con ello, intentaban evitar que el desprestigio internacional aumentara y que las personas perseguidas tuviesen un lugar seguro. Nada de eso ocurrió. La protección continuo y se desarrolló desde la misma embajada sueca y desde otras embajadas. Suecia se transformó en un importante país que otorgó refugio político, asilando a miles de compatriotas.

La vida de miles de chilenos en Suecia es posiblemente el mejor y más profundo testimonio del significado de la acción emprendida por Harald Edelstam. Una prueba de ello es la presencia de la actual embajadora sueca en Chile, Eva Zetterberg, incansable y destacada amiga de Chile en los años de solidaridad y de amistad entre dos pueblos profundamente democráticos.

Chile aún tiene mucho que hacer en el reconocimiento a la labor solidaria que tan activamente vimos desde Suecia y otros países en los los aciagos días de la dictadura. Chile, como Estado, aún tiene pendiente un reconocimiento a la labor de Edelstam, por ello debe realizar un acto de desagravio a la injusta e impertinente declaración de persona non grata del embajador. Son tiempos de ir desmontando los actos de la dictadura, son tiempos de acciones que reafirmen la institucionalidad y las prácticas democráticas. A 40 años debemos profundizar estos gestos.

Por: Carlos Zanzi
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