Testimonios

Testimonios

Julio Baraibar, Ministro de Trabajo en el Gobierno de Uruguay en 2009,
relató en una entrevista en su despacho en Montevideo todos los detalles de la liberación de 54 uruguayos del Estadio Nacional y su posterior exilio en Suecia. La actuación decidida de Harald Edelstam por lograr la liberación del grupo le causó gran impacto: “Se jugó en Guatemala, en Indonesia, en Noruega; de allí el nombre del Clavel Negro. Era intrépido. No tenía miedo. Estaban los milicos cuadrados y él estaba rodeado de gente en el Estado y decía: estos asesinos, el fascismo siempre ha sido derrocado. Lo hacía a gritos, en la cueva de ellos, allí adentro, rodeado de milicos. Cuando llegué a Suecia hablaba con gente, incluso de Relaciones Exteriores, que le decían el loco. Quizás hay que ser un poco loco para no tener miedo, pero me dolía que dijeran eso”.

Otra uruguaya perteneciente al Movimiento de Liberación Tupamaros, Mirtha Pucurull Fernández, destacó en otra entrevista en Montevideo la actitud humana de Harald. “Siempre bien plantado pero al mismo tiempo también tierno con los niños que andaban tras él. Les arreglaba el pelo, les amarraba los zapatos. Muchas veces venia y comía con nosotros”. Mientras Mirtha se encontraba recluida en la Embajada de Cuba, que por decisión del gobierno sueco había quedado bajo bandera sueca, empezó a sufrir intensas hemorragias. Un médico que atendía a los enfermos de esa embajada sentenció que si no la operaban con urgencia, se iba a desangrar en poco tiempo. Mirtha relata los dramáticos instantes en que iba a ser trasladada a una clínica en Providencia para una intervención quirúrgica de emergencia, cuando se sujetó de Harald, rogándole que no la dejara. Intuyó que de allí no iba a regresar más. “No te preocupes, que yo voy a estar alerta y con todas las garantías”, le dijo Harald. En estado de extrema debilidad fue secuestrada por los militares, y el embajador inició en ese mismo momento una incesante búsqueda hasta dar con su paradero. Finalmente, y con mucho dramatismo por medio, logra salir y emprender viaje a Suecia.

Marcela Ballara, una de las chilenas que llegaron en el primer contingente de exiliados a Suecia, ofreció en un homenaje a Harald Edelstam en Santiago en 2008 su testimonio. Habló de la preocupación de Harald por todas las personas refugiadas en las dos Embajadas, las de Suecia y Cuba. La estadía en la casa de la embajada no era fácil. “Muchas veces fuimos atacados. Teníamos poca agua y comida. Es cierto que nos organizamos bien para poder defendernos y repartir equitativamente lo que había, pero Harald sintió que estábamos en constante peligro y en muchas ocasiones se quedó a dormir con nosotros para asegurarnos protección, como aquella vez que quedó abierto el portón de la embajada y los tanques quisieron entrar. Harald puso su cuerpo por delante de uno de los tanques, y logró de esa manera que no lo hicieran. Los convenció de que abandonaran el lugar porque estaban invadiendo territorio extranjero”.

Bobi Sourander, que en 1973 era corresponsal del diario sueco Dagens Nyheter en Chile, también fue llevado al Estadio Nacional y rescatado por Harald Edelstam. En una de sus últimas entrevistas nombra especialmente a dos mujeres que apoyaban el trabajo de la Embajada: Lilian Indseth y Sonja Martinson. Las dos desarrollaban un trabajo valiente y desinteresado, ayudando y apoyando a los que se refugiaron en los edificios a cargo de
la Embajada de Suecia. (del libro “Lazos Solidarios. La cooperación sueca en Chile 1970-2010”. Anna-Karin Gauding. Editorial LOM, Santiago de Chile 2011)

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